"Si las estrellas y los planetas carecen de influencia sobre nuestros destinos ¿para qué sirven? ¿Seremos oficiantemente impíos hasta acusar a Dios de injustica y de iniquidad suponiendo que ha creado en vano el gran y bello espectáculo de los cielos y la innumerable armada de las estrellas? Podemos, verdad es, utilizar su andar para medir el tiempo, pero ¿es razonable tomar al mundo por un gigantesco reloj? La hierba más húmeda, la piedra menos fina, el animal más vil ¿tendrán siempre aquí en el mundo, para quien sepa verla, una propiedad útil o preciosa; y debe admitirse que las sustancias eternas e incorruptibles que divagan sobre nuestras cabezas están destinadas por la Providencia a una acción bienhechora".

 
Primera lección 
dada en la Universidad
de Copenhague - 1574